CIUDAD DE MÉXICO — “Un día 28 de enero, como me hiere esa fecha”, dice el corrido sobre hechos de violencia acontecidos en Culiacán en el año de 1976. Este año quedó inscrito en la historia de Sinaloa como uno de los más violentos con 543 homicidios relacionados al tráfico de drogas, es decir, por cada 100 mil habitantes, 217.2, según ha documentado el historiador Froylán Enciso.

Para que se den una idea de lo que estoy hablando, en 2018 hubo una tasa de homicidios de 60 por cada 100 mil habitantes, es decir, 157 homicidios por cada 100 mil habitantes menos que aquel fatídico año.

Los sinaloenses tenemos otros hitos en la memoria colectiva: los intimidantes coches-bomba de mayo de 1992; el triste 10 de mayo de 2008, cuando Culiacán se quedó sin rosas para las madres porque todas fueron compradas para el funeral de Édgar, hijo de Joaquín Guzmán Loera; o la emboscada contra militares a la salida norte de Culiacán de 2016, en que la exhibición del poder de fuego del narco destrozó camiones y la vida de soldados, hasta llegar a este lamentable jueves negro de la semana pasada.

Estos hechos no son menores, pero sin duda pudieron haber rebasado a estas historias. La población de Culiacán por eso apoya con una amplia mayoría según todas las encuestas que se han publicado, la decisión dolorosa de liberar a Ovidio Guzmán López, porque estamos conscientes que fue para evitar un escalamiento de violencia y los sinaloenses hemos aprendido a sobreponer el valor de la vida sobre cualquier intento por imponer visiones extremistas de políticas de seguridad que se deciden desde los escritorios de la Ciudad de México.

Las visiones que desdeñan los efectos colaterales de una estrategia son rechazadas por amplia mayoría en Sinaloa y en México. Tenía que ser así, cuando probaron su ineficacia, cuando las cifras las vieron como datos de un modelo y no como personas de carne y hueso. Por eso se apoyó una estrategia distinta en 2018, una estrategia distinta de combate a la inseguridad, para que se ponderaran otros factores, como los de carácter social.

En Sinaloa y desde Morena, hemos insistido en que la vieja estrategia importada desde Estados Unidos, de descabezar a las organizaciones del crimen organizado no funciona. Esa estrategia, en realidad, ha incentivado el brote de más violencia.

Estamos de acuerdo en exigir una rendición de cuentas en relación al operativo denominado “fallido” por las mismas fuerzas armadas.

Son muchas preguntas que tenemos que hacerle al Gabinete de Seguridad y al propio gobernador Quirino Ordaz Coppel, por ejemplo: ¿por qué se llevó a cabo el operativo, en primera instancia? Se habla de una orden de aprehensión con fines de extradición, ¿quién buscaba esa extradición?, ¿quién recibió dicha solicitud?, ¿por qué la precipitación en cumplir con esa orden? ¿Por qué un operativo en el centro urbano neurálgico de la comunidad culiacanense, al puro medio día y en la mitad de la semana laboral? ¿Por qué no se protegió primero a los ciudadanos?

Muchas preguntas están y van a estar, para cuando se presente el informe y la comparecencia de los integrantes del Gabinete de Seguridad.

En estos días me han preguntado cómo está la gente de mi estado. Y yo les he dicho: la gente de Culiacán es solidaria, y se mostró en que se le dio refugio en las tiendas departamentales, en los centros departamentales, en los bancos, en las casas de los vecinos, y de esa enorme y extraordinaria reserva moral, muchas veces subestimada esa capacidad de recuperación de los sinaloenses, de esa indiscutible resiliencia, vamos a aprender para inspirarnos y construir alternativas eficaces en materia de combate a las violencias.

Compañeras senadoras y senadores:

Desde esta tribuna los invito a apoyar la aplicación de reformas de construcción de paz, al desarme total; apoyemos la estrategia del Gobierno de México, sí, empujemos la solicitud a Estados Unidos para el congelamiento de la venta y el tráfico de armas hacia nuestro país (porque ya vimos que 7 de cada diez armas que se usaron en la refriega de Culiacán provenían de ese país); respaldemos el debilitamiento de la estructura financiera que respalda la operación criminal; avancemos en la consolidación de la Guardia Nacional; perdamos los temores, legalicemos ya las drogas, empezando con la cannabis; avancemos en la justicia transicional y volquemos todos los esfuerzos a estimular la construcción de paz, sembremos la semilla de la paz en todo México, en Sinaloa y en Culiacán.

Que el 17 de octubre sea el día a partir del cual verdad, justicia, reparación del daño y garantía de no repetición, cobren vigencia como realidades y dejen de ser anhelos. Iniciemos pues, aquí y ahora, a construir la paz de verdad, para que cada 17 de octubre podamos vernos a la cara, que Sinaloa sea la semilla del México que quiere recordar un pasado con orgullo y con dignidad y que enfrenta sus retos con valentía, con humanismo y con sentido social.


* Intervención de la senadora de Morena por Sinaloa, Imelda Castro Castro, a propósito de los acontecimientos de violencia en Culiacán, Sinaloa.

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