Con su permiso diputado presidente;
Amigas y amigos de los medios de comunicación;
Un gusto saludarlos desde nuevo desde aquí;
Compañeras diputadas, compañeros diputados:

Chihuahua, una luz en el túnel. Como dijera Denise Dresser: Javier Corral, un hombre decente ha ganado la gubernatura.
En Sinaloa, el pasado 5 de junio hemos asistido a un proceso electoral que reitera viejas prácticas partidistas y gubernamentales que nos refrescan la memoria y nos recuerdan la deficitaria calidad democrática de nuestro sistema político. Pero también, inéditos acontecimientos han incrementado la desesperanza ciudadana y nos colocan ante preocupantes retrocesos.
Estas prácticas nos recuerdan cuan ilegítimos son los gobiernos emanados de nuestras elecciones: electores indiferentes, alejados de los partidos políticos, hartos de la política de todo tipo. Ya vimos cómo ningún candidato independiente logró prender a los electores y derrotar las millonarias maquinarias partidistas. Eso es una muy mala señal para todos, pues los atisbos de 2015 en ese sentido se han esfumado.
Como dijera recientemente Lorenzo Meyer: va a ser imposible saber cuánto dinero suco, cuánto dinero negro se inyectó a las campañas; cuántos recursos gubernamentales y privados no registrados por el Instituto Electoral y por tanto ilegales, se lavaron en el negocio de la política electoral. Millones y millones de pesos que desequilibraron la competencia. Cuántos miles de votos se compraron en efectivo con ese dinero.
Sin embargo, hay una forma de saber cuánto dinero se mueve en esas temporadas, según los expertos, ya que el Banco de México ha señalado que en épocas electorales el circulante efectivo se dispara. En 2015, nos dice Lorenzo Meyer, a propósito de un informe-país que realiza el anterior IFE, nos dice que el aumento de este tipo de dinero fue de 28 mil 956 millones de pesos, cuando los mismos meses del año anterior no electoral, fue menos de la mitad, es decir, 11 mil 459 mil millones, según El Financiero del 2 de junio.
Hay que estar al pendiente de esos informes en los próximos meses para ver cómo se disparó el uso del dinero en efectivo en estos meses.
En Sinaloa, tristemente nos hemos incorporado a la guerra sucia en las campañas, el crimen organizado y el institucional, también organizado, hizo presencia, vandalizando decenas de unidades del transporte público colectivo e individual y amedrentando a cientos de sus pasajeros, quemando y asaltando oficinas de candidatos y partidos, amenazando con mensajes, balazos y llamadas telefónicas a candidatos, levantando y reteniendo a representantes de partidos y funcionarios electorales, promoviendo el miedo con operativos vistos a la luz del día, sin ser detenidos ni perseguidos en una total impunidad, incluso se promovió organizadamente el rumor de falsas balaceras y actos de vandalismo inexistentes para inhibir un desarrollo regular del proceso electoral impactando directamente en el ánimo de los funcionarios de casilla, de los representantes de los partidos y sobre todo de los electores.
Hasta el día de hoy, extrañamente, no hay un solo detenido, no hay denuncias, no se conoce absolutamente ningún seguimiento de la autoridad en todos estos casos. Todos estos hechos, compañeras diputadas, compañeros diputados, buscaban justamente inhibir la participación ciudadana y lo lograron.
En Sinaloa, más de la mitad de los ciudadanos inscritos en la lista nominal no votaron por nadie, aun y cuando se trataba de elegir al Ejecutivo estatal, elección que generalmente atrae la mayor atención del electorado históricamente.
Durante toda la campaña y sobre todo en el mes de mayo el voto fue comprado por miles con camiones de despensas repartidas en todo el estado. Sorteos y regalos de electrodomésticos a propósito del 10 de mayo, entregas de pies de casa, construidas al momento, en la última semana previa a la elección, intercambio de calificaciones, liberación del servicio social, relajamiento de las normas y requisitos en las prácticas profesionales de cientos de estudiantes, no se diga promesas de certidumbre laboral, con horas y cargas académicas para profesores, pases aprobatorios en exámenes de admisión en licenciatura y hasta votos fiados el día de la jornada electoral, mediocridad y graves faltas de la autoridad electoral.
Desde el principio se le vieron las ancas al pollo, o a la polla, desde el nombramiento del órgano electoral se vio la falta de profesionalismo en los perfiles de sus integrantes, específicamente de quienes encabezarían su dirección.
Habiendo mejores trayectorias y capacidades se optó por alguien que administrara el proceso electoral, al fin que sus electores dirigirían desde otras oficinas el proceso real.
Y lo vivimos para contarlo. Se demostró que los partidos y las voces que lo advirtieron o que lo advertimos teníamos razón: ni en las precampañas mucho menos en las campañas hubo autoridad electoral capaz de poner orden, al contrario, llevan sobre sí la elección, la carga de la elección más sucia y desorganizada de toda la historia de Sinaloa.
Eran las 10 de la mañana del día D y apenas se habían instalado el 50% de las casillas. Cientos de ciudadanos se regresaron a sus casas porque sus casillas no estaban instaladas. Eran las 2 de la tarde cuando apenas se terminaron de instalar las casillas electorales. Como nunca, se reubicaron centenares de casillas unos pocos días antes de la elección. Conscientemente se realizó una desarticulación de la estructura institucional del proceso electoral. Altos funcionarios electorales se quejaron que en la última semana renunciaron en masa funcionarios de casilla por haberse inscrito para cuidarle las casillas al PRI, y cómo no, si este partido pagó en efectivo 800 pesos más desayuno y comida a cada uno de dos representantes por casilla, es decir, la inversión del PRI por casilla rondó los 2 mil pesos, en cambio, a los funcionarios de las mesas directivas de casilla, a los institucionales, se les apoyó apenas con 250 pesos a cada uno siendo cuatro funcionarios. La inversión del órgano electoral fue de la mitad de lo que invirtió el PRI en esa casilla, por eso, funcionarios que ya habían sido capacitados se fueron como representantes de este partido.
Por eso, un día antes de la elección, se sustituyó el 19% de los funcionaros más un porcentaje similar el día de la elección de ahí la tardanza en la instalación de las casillas. No solo los electores no fueron a las urnas, los funcionarios electorales presentaron un alto ausentismo, incrementado después por la intimidación ya comentada.
Y para cerrar con broche de oro, compañeras diputadas, compañeros diputados, esta etapa del proceso electoral, aparece el mismísimo secretario general de Gobierno, responsable político institucional violando la secresía del voto, enseñando la boleta cruzada por el PRI, un importante abono a la ilegitimidad de esta elección, como si hiciera falta.
La capacitación a funcionarios de las mesas directivas de casilla fue un desastre, como nunca, por eso llegaron paquetes abiertos a los consejos, paquetes electorales abiertos, a los consejos, en el caso de Culiacán fueron 13 los que llegaron en esas condiciones; el 33% se recontaron porque no traían acta por fuera del paquete, hubo 55 paquetes donde no se elaboraron las actas, llegaron en blanco y dos paquetes fueron entregados fuera del plazo legal.
Fue tortuosa y tardada la llegada de los paquetes electorales a los consejos, durante horas contaron los votos en las casillas. En algunos casos hasta la media noche terminaron esta etapa, todo ello debido a la ausencia de capacitación de los funcionaros, como consecuencia no podía faltar la instalación tardada del PREP, llegando a iniciar después de las 9 de la noche, lo que hizo perder su función de mostrar correctamente las tendencias electorales.
Como colofón, otras de las joyas de las irregularidades son la aparición de boletas electorales en un panteón municipal de Los Mochis, las actas de escrutinio encontradas en un basurero del mismo municipio, las boletas planchadas del distrito 12 y las boletas apócrifas cruzadas por debajo del logo en Culiacán. De ahí que los actores políticos perdedores no queden satisfechos con resultados como el de 65 votos de diferencia en la presidencia municipal de Mazatlán, los 148 en Mocorito, los 384 en San Ignacio y hasta los 2,365 con los que finalmente se definió la Presidencia Municipal de Ahome, ciertamente derivados del recuento previsto en la ley.
Pueden legitimar sus resultados, pero los 615 votos de diferencia en el distrito 11 con cabecera en Navolato, en donde solo se revisaron 15 paquetes, o los 737 votos que hicieron la diferencia en la Presidencia Municipal de Escuinapa, donde solo se aceptó abrir 16 paquetes, quedan inevitablemente en el terreno de la sospecha.
Compañeras diputadas, compañeros diputados, este Congreso no puede quedarse callado frente a este cúmulo de irregularidades del proceso electoral. Hay infinidad de actos que constituyen delitos electorales y del fuero común, muy claros, por ello solicito que en el marco de nuestras facultades invitemos al procurador de justicia del estado y al secretario general de Gobierno para que presenten a esta legislatura un informe del seguimiento de las investigaciones sobre actos de violencia y vandalismo realizados antes, durante y después de la jornada electoral del 5 de junio.
Compañeros diputados, compañeras diputadas: el que amedrenta una vez, lo va hacer siempre. No permitamos que esta historia de este 5 de junio se repita en las próximas elecciones en nuestro estado de Sinaloa.
Muchas gracias.

* Intervención de la Imelda Castro Castro durante la sesión pública ordinaria del martes 14 de junio de 2016 con relación al proceso electoral realizado en Sinaloa.

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